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La vida de un optometrista español en Kenia

Ya adelanté al final del post anterior, donde contaba por qué acabe en Kenia trabajando, que en el siguiente hablaría de mi día a día en el trabajo y de alguna de las experiencias que más me han marcado y cambiado. Pues bien, aquí estoy de nuevo, desde mi cuarto de Nairobi, y en las siguientes líneas voy a desgranar como trabajamos aquí, con algunos detalles y anécdotas que me parecen divertidas y curiosas. Tras 10 meses viviendo en Kenia, tengo una visión más global y extensa y creo que es buen momento para hacer un primer balance.

En este post intentaré reflejar la realidad del día a día, ya que la verdad es que trabajamos muchísimas horas y es en la óptica donde al fin y al cabo voy a pasar los 2 años de contrato. Como todo, tiene sus momentos buenos, muy buenos, y también malos, que no son pocos. Está claro que los hay, no todo es tan bonito cuando dejas tu país como contamos y reflejamos en las redes sociales, pero es cierto que de por sí me considero alguien optimista, por lo que creo que la parte negativa no debería enturbiar la positiva, que al final es la que enriquece y aporta; para mí es la que predomina y es con la que me quedo, por este motivo siempre me voy a enfocar en mostrar y contar más esta realidad.

Por otro lado, hay que aceptar que lo negativo siempre va a estar ahí, y hay que tenerlo en cuenta y aceptarlo. Aunque te joda, te enseña y te hace más fuerte, más valiente.

Por mi experiencia, lo negativo básicamente lo resumiría en estos 3 puntos:

- Los sinsabores y estrés del día a día en el trabajo, especialmente dada mi poca experiencia, y las injusticias que continuamente veo en este país, así como las condiciones laborales y el trato al trabajador, que difieren de los estándares europeos, en ocasiones de forma significativa.

- Las dificultades que surgen viviendo en un país subdesarrollado y de idioma diferente al nuestro.

- Lo que conlleva estar lejos de casa, de la familia y amigos principalmente, además de la comida, costumbres, estilo de vida… Por muy acostumbrado que ya esté por haber estado años fuera de casa, este es un factor que afecta silenciosamente y en determinados momento se hace duro.

Y es que ya recalqué en el post anterior que no es fácil dejar tu país, tu sitio. Tú no eres de aquí, eres el extraño, y por muy bien que te acojan, que lo hacen, a veces (muchas) la gente tiene otra forma de vivir y pensar que dudo mucho que tenga algo que ver con lo que hemos mamado desde pequeños. Choca. Esto se acentúa más si cabe si hablamos de un sitio dispar como un país del África Subsahariana, donde los contrastes constantemente escapan a lo que tu mentalidad puede asimilar. En definitiva, es un cambio un tanto radical, aunque a mí la verdad eso me encanta.

 

Reuben y su hija, de la tribu masai

Reuben y su hija, de la tribu masai

 

Centrándonos más en el objetivo del post, es decir mi práctica diaria, mi labor es muy parecida a la de cualquier óptico-optometrista que trabaje en una óptica común de España. Las competencias a realizar son prácticamente las mismas que allí, lo que lo hace diferente es, evidentemente, el contexto. Este contexto hace que cada día de trabajo sea diferente y muchas veces divertido, toda una experiencia y una forma de escapar de la inevitable rutina.

En mi caso, empecé de lleno, sin vaselina. Fue aterrizar en Nairobi y al día siguiente ya ir a trabajar, viéndome de repente inmerso en la locura que caracteriza las calles de este país y encontrándome rodeado de compañeros de muchos lugares del mundo, de auxiliares y vendedores kenianos que hablaban continuamente en swahili entre ellos, una lengua tan diferente y exótica para mis oídos.

 

En la óptica hay optometristas indios, kenianos, de Sri Lanka, Filipinas...

En la óptica hay optometristas indios, kenianos, de Sri Lanka, Filipinas…

 

Con Sylvia, optometrista de Nairobi

Con Sylvia, optometrista de Nairobi

 

Esto es precisamente una de las mejores cosas: el compañerismo. Es una suerte, y hasta un alivio, contar con la ayuda de los compañeros de trabajo, sobre todo por parte de los kenianos, ya que constantemente se han preocupado de enseñarme el funcionamiento del “business” y asistirme en todo, especialmente cuando pasé a regentar ópticas en solitario. ¡Si hasta me hacen de traductores en el gabinete cuando alguien solo habla swahili! Esto último es muy cómico, generalmente son personas ya mayores que apenas hablan inglés y bueno, tengo que hacer todo lo posible para que nos entendamos, a la vez que alguno de mis compañeros intenta traducirme simultáneamente. Único.

Lo agradezco enormemente, ha sido un apoyo importante y no sé si habría podido continuar sin ellos aquí. Nos llevamos muy bien, el trato que les doy y el que recibo de ellos es exquisito. Ellos se interesan por mi país, mis aventuras y actividades y generalmente nos lo pasamos genial en las largas jornadas de trabajo. Para mí esto es esencial, que haya buen ambiente, seriedad cuando toca pero cachondeo también si hace falta. Yo hasta les enseño español, con acento andaluz de Sevilla por supuesto. Uno de los vendedores, auténtico de la tribu masai, me saluda todas las mañanas literalmente con un “¿qué pasa cohone?” y chapurrea algunas palabras de nuestro bonito idioma. Tienen facilidad para ésto pues el swahili tiene idéntico sonido que el español. Yo trato de hacer lo mismo y aprender algunas palabras clave y expresiones del swahili, especialmente saludos. No hay cosa que haga más feliz a uno de Kenia que saludarlo en swahili con un: “mambo”, “sasa” o “niaje”, tres de los saludos más habituales. A todos ellos se contesta con un escueto “poa”, o “poa sana”.

 

Pasando el día con la familia de mi compañero masai Lemayian

Pasando el día con la familia de mi compañero masai Lemayian

 

Otra cosa muy positiva, y que valoro mucho, es la cantidad de gente tan variada que conozco trabajando. Nairobi es una ciudad muy diversa y cosmopolita, y por ello por mi gabinete ha pasado gente de varios países de África, Estados Unidos, México, Europa, Sudamérica y Centroamérica, y por supuesto, españoles, aunque muy pocos, no abundamos por estas latitudes. Recuerdo en una ocasión que gradué a un cura de Pamplona, y fue tras 10 minutos hablando en inglés los dos cuando nos dimos cuenta que veníamos del mismo sitio y automáticamente cambiamos a español. Un hombre muy agradable, le hice unos progresivos que me pidió para dar misa.

A veces, en tan poco tiempo, hasta he podido entablar amistad con algunos, así como conocer a fotógrafos o artistas varios a los que, por supuesto, acababa pidiéndoles su red social para seguir sus trabajos, y ellos los míos. También he tenido la suerte de dar con gente que tiene peso en la actividad cultural del país. Así, conocí a Wanny Angerer, una gran cantante y artista polifacética de Honduras cuya familia completa acude a la óptica donde trabajo y con la que enseguida entablé una conversación, evidentemente por compartir mismo idioma. Ella, al saber de mi afición a la fotografía, me propuso participar en una exposición fotográfica organizada dentro de uno de sus numerosos eventos para promover la cultura entre países y día de hoy ya he hecho tres, y subiendo. Una inesperada oportunidad y una forma única de introducirme en la fotografía, que uso para poder enseñar mi visión del mundo.

 

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El resto de mis pacientes, desde misioneros, una de ellas de Cantabria, monjas de todo el mundo, voluntarios, sobre todo americanos, sudamericanos, asiáticos (todos con sus miopías esféricas de -5.00 D), empresarios de lodges de lujo situados en los parques nacionales, embajadores o diplomáticos y hasta esposas de altos cargos, con su guardaespaldas postrado en la puerta… de todo. También me gusta que entre los que entran al gabinete una alta proporción sean kenianos, ya que en los centros comerciales, que es donde trabajo, el número de expatriados es alto. Esto ayuda a no tener todo el rato la sensación de estar trabajando fuera de África.

Y es que me encanta la gente de Kenia, es lo mejor de aquí. Son naturales y agradables al trato, alegres, educados y respetuosos, de saludo enérgico y efusivo con las mil y una formas y gestos de saludar que tienen, hospitalarios, curiosos e interesados en otras culturas… gente sencilla al fin y al cabo, que es la que vale. Les encuentro a veces ciertas similitudes con el carácter y forma de vivir de los españoles y puede que hagamos buenas migas por eso. Son geniales, una gente que merece la pena tratar, y con una cultura tan compleja como fascinante. A mí particularmente me flipa todo el tema de las tribus, cosa muy arraigada en Kenia y que por completa ignorancia desconocía que aún existía a día hoy antes de venir aquí. Así, están los famosos masáis, los kikuyus, luhyas, luos, kalenjis y kambas, que son las más conocidas y numerosas, siendo cada una distintiva generalmente de una zona del país. ¡Pero hay bastantes más! la mayoría de fuentes citan más de 40.

 

Saltando con masais

Saltando con masais

 

En el trabajo, los kenianos al poco de escucharme a menudo me preguntan si soy italiano, a lo que siempre contesto “almost! from Spain” (casi, de España). Otros, en menor medida, me adivinan rápido que soy español por el acento, y automáticamente la siguiente pregunta es si soy del Madrid o del Barça. El fútbol es tema clave, no falla, y ellos son más del Barça. A continuación, siempre les digo que vengo de una ciudad muy bonita del sur de España, y que si pueden, la visiten algún día.

Relacionado con mi trabajo en la óptica, me viene a la memoria una anécdota que me sorprendió mucho, por lo casual. En uno de mis tantos viajes por las locas carreteras del país, paramos para descansar y comprar algún souvenir en un mirador con vistas al impresionante Rift Valley, a 1 hora de Nairobi. Allí, uno de los vendedores ambulantes de los numerosos puestos que había se me acercó a mí gritando desde la distancia. Me reconoció por haber sido yo el optometrista que lo atendió durante mis primeras semanas en una óptica del centro. Evidentemente yo no lo recordaba, pero estaba muy contento con el trato recibido, hasta el punto que textualmente me dijo que ahora veía tan bien “que podía ver mañana”. Genio y figura.

 

Me tenía tanta estima por como lo atendí que se dejó retratar

Me tenía tanta estima por como lo atendí que se dejó retratar

 

La gente aquí valora y respeta mucho al profesional europeo y se toman en serio tanto los consejos como las instrucciones. No olvidemos que Kenia fue colonia británica y esto probablemente fue una herencia de ese pasado. Nunca he tenido ningún trato desfavorable por parte de nadie, exceptuando al tonto de turno, pero esos son pocos y los ignoro. Me gusta mucho que trabajando tengo la oportunidad de usar un inglés aplicado a nuestro campo y a día de hoy, gracias al esfuerzo de estos años, puedo entender todas las quejas y explicaciones que me dan y tener un nivel fluido en esta lengua, aunque aún queda mucho en este aspecto. De hecho ahora, tras estos meses, me resulta muy raro cuando viene alguien de habla hispana y le tengo que hacer el “checkup” (graduación) en español.

En general, es interesante trabajar aquí pues aparte de recibir a gente de todo el mundo, como ya dije, y de todos los tipos y condiciones socioeconómicas que te puedas imaginar, puedo ver casos que aquí son más comunes que en Europa, como queratoconos, glaucomas y fotofobia extrema, casos en los que podemos ayudar bastante y hacer que se lo tomen en serio, que no es poco en un país así, créeme.

 

acreditacion que me facilito la empresa donde trabajo

Acreditación que me facilitó la empresa donde trabajo

 

Por contar más anécdotas, otra cosa que me hace muchísima gracia y que ocurre más a menudo de lo que cabía esperar es cuando algún nombre o apellido de Kenia coincide con alguna palabra en español de significado un tanto cómico. Así, he llegado a graduar a una chica apellidada ‘domingas’, a otro chaval cuyo apellido era “chunga” o a otro de nombre “Vencer”, por citar los que vienen a la cabeza. Recientemente vino una niña keniana llamada “kiya”, que a punto estuve de decirle si era de Sevilla. Hay más que voy encontrando y que iré mostrando en redes sociales.

En lo personal, estoy aprovechando bastante el poco tiempo libre que tenemos; disfruto mucho cualquier experiencia que me haga sentir que estoy integrándome en el país, aportando algo positivo a la comunidad y siendo uno más en la medida de lo posible, entendiendo y conociendo la idiosincrasia keniana y a la gente de aquí y de todo el mundo que se cruza en mi camino, ya sea desde un simple saludo a una amistad.

Destacaría como experiencias más impactantes y enriquecedoras cualquier simple paseo a pie por la loca Nairobi, donde tienes que tener mil ojos, el montarse en un matatu y cruzar el país mientras hacen adelantamientos imposibles y rezas porque no se estampen contra una cabra o una vaca, mis visitas al barrio chabolista de Kibera, jugando o haciendo fotos con los niños allí, o el convivir con una auténtica tribu masai en su remoto poblado entre montañas sin luz, agua, Internet ni ninguna otra comodidad del primer mundo y con un cielo lleno de estrellas.

 

En Kibera los niños juegan contigo y solo te piden fotos y "sweets"

En Kibera los niños juegan contigo y solo te piden fotos y “sweets”

 

También algo que he disfrutado mucho son las veces que me he alquilado un 4×4 para hacer un viaje a alguno de los parques nacionales y hacer un safari por mí mismo. Conducir por Kenia es sencillamente un planazo, y muy diferente a Europa. Aparte de conducir por la izquierda (otra herencia británica), no hay autovías y las carreteras están atestadas de tráfico, sobre todo de camiones, por lo que un viaje de 300 km te lleva 5 horas. Paciencia.

 

Parque Nacional de Amboseli

Parque Nacional de Amboseli

 

Con los elefantes en la Reserva Nacional de Samburu

Con los elefantes en la Reserva Nacional de Samburu

 

Como experiencias divertidas, aparte de las del trabajo, me quedo con lo bien que nos lo pasamos con mis compañeros de piso, empezar el año en una playa paradisíaca a 35 grados tras los duros tres primeros meses, mis exhibiciones fotográficas, hacer rafting con los amigos españoles, las visitas de amigos desde España u otros países… o simplemente cualquier cena o plan que se presente.

Y esta es mi vida aquí, junto con mis otros 5 compañeros spaniards, ya casi a punto de hacer un año en Kenia. La realidad de este continente es para verla y darle una oportunidad, así que os invito a venir alguna vez, ya sea de turismo, voluntariado o incluso a trabajar. Aunque entiendo que esto último sea menos común al lado de las otras opciones, ya que supone comprometer un tiempo de tu vida y vivir en el país como uno más, con todo lo que eso conlleva. Como dije en el post anterior, llegado el caso de plantearte dejar tu país, es muy habitual cambiar tu sitio de origen por un salario mejor, o un país “mejor” que el de origen. Casi por inercia nos lo planteamos así, nos ciega lo material y lo más conocido, y en lo que no todo el mundo cae es en el valor que pueden tener las experiencias y enseñanzas que vas a tener sí o sí saliendo de tu zona habitual a una completamente diferente. Es algo que nunca perderás, nadie te las va a quitar, te morirás con ellas y su valor es incalculable. Parece buena inversión, ¿no? A mí, desde luego, me llena más que muchas otras cosas de supuesto “mayor valor” que he tenido siempre en mi vida.

Da que pensar.

¡Un abrazo desde África!

Juan Carlos - Nairobi Agosto 2017

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*La foto de portada es un grafiti que fotografié en Kibera, hecho por gente joven del barrio.

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